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La asertividad mejora tus habilidades sociales

Carla tiene 16 años, acude a la consulta y relata su preocupación. 

Su grupo de amigos, “los de toda la vida” comenzaron a fumar marihuana en sus reuniones.

Carla no quiere participar de esa “diversión” pero sus amigos no entienden sus argumentos, la consideran aburrida y poco “cool”. 

La marihuana los pone en un estado de diversión que ella no comparte por no querer fumar.   Ahora Carla sufre, porque se enteró que sus amigos han organizado un par de reuniones y no la han invitado.

Ella no sabe cómo manejar la situación, quiere “recuperar” su grupo así que se está cuestionando comenzar a compartir el ritual y de esa forma participar nuevamente de las reuniones y de lo que los demás consideran divertido.

Se le plantea un fuerte dilema, entre sus creencias e ideales y su deseo de continuar perteneciendo a su grupo de amigos.

Esta escena, no forma parte de ninguna ficción y a la mayoría de nosotros nos resulta hasta más familiar de lo que quisiéramos.

Existe una herramienta muy poderosa, de la que mucha gente habla, pero pocos conocen su poder: La asertividad.

Un correcto entrenamiento en asertividad, ayudaría a Carla a mejorar sus habilidades sociales ya que le brindaría las herramientas que ella necesita para sentirse firme y segura en su decisión de no fumar y la ayudaría a poder decirlo a sus amigos sin sentirse mal por eso.

La asertividad es la capacidad de manifestar nuestros deseos o gustos, de forma clara y segura, sin herir a otros pero haciendo respetar nuestra voluntad.

Según A. Beck, “la asertividad es uno de los componentes fundamentales de las habilidades sociales juntos con la autoestima, la empatía y la inteligencia emocional.  Una persona asertiva posee una actitud de autoafirmación y defensa de sus derechos personales….”

“el objetivo de la asertividad es ayudarnos a ser nosotros mismos y a mejorar nuestra relación con los demás, haciéndola más directa y honesta.”

No solo Carla se encuentra frente a la difícil prueba, de tener que decir a otros, algo diferente a lo que a todos les gustaría oír.  A la mayoría de nosotros, nos ha pasado, en diferentes momentos y muchas veces, en un mismo día. 

Existen normalmente dos formas de respuesta en la comunicación humana, la pasividad o la agresividad.

Todos conocemos aquel tipo de  personas que evitan de cualquier forma el enfrentamiento y sin importar el alto precio que haya que pagar, mantienen la armonía.  Por ejemplo, el que está parado en una cola y alguien se pone delante pero por no armar un problema, la persona se molesta, pero decide no decir nada.

O aquel que, le viene fatal en ese momento, pero su amiga lo llama y le pide que le cuide toda la tarde al niño y  por no “disgustar” a su amigo no se anima a decir que no. 

Con seguridad, todos nos podemos sentir identificados con alguna de  estas situaciones ya que nos han sucedido a nosotros mismos.  En estos momentos no supimos actuar de forma asertiva, no supimos decir lo que en realidad pensábamos, sentíamos o merecíamos.  Antepusimos el sentimiento ajeno al nuestro y por lo tanto, respetamos al otro más que a nosotros mismos. 

De esa forma de comunicación, sólo pueden resultar dos sentimientos, o frustración por tener que postergar siempre la propia realización o una peligrosa agresión.  Llega un día en que “explotamos” y respondemos de una forma excesivamente agresiva a una situación que no lo amerita.

La respuesta asertiva, es la forma intermedia entre la pasividad y la agresividad en la comunicación.

 ¿Qué pasa si nos damos cuenta de que nos falta? ¿De qué necesitaríamos en el día a día una “herramienta” de ese tipo para enfrentar a diferentes personas que forman parte de nuestra realidad?

La buena noticia es que la asertividad se entrena y los resultados son sorprendentes.

¿En qué consiste el entrenamiento asertivo?

Consiste en la adquisición o perfeccionamiento de estrategias de funcionamiento social que nos permitan lidiar de forma más segura y efectiva con nuestro entorno.

Se realiza en forma de talleres, preferentemente grupales, a cargo de Psicólogos o educadores.

Los efectos inmediatos de la conducta asertiva, tienen que ver con una rápida relajación en las relaciones sociales y la reducción del stress en el corto plazo.

El accionar asertivo, nos otorga seguridad en nosotros mismos, por eso siempre se habla de asertividad de forma muy relacionada con la autoestima.

¿Cuándo es el momento más oportuno para realizar un entrenamiento asertivo?

A lo largo de toda nuestra vida, es importante contar con herramientas psíquicas  y sociales que faciliten nuestra vida en la comunidad, por lo tanto, en el mejor de los casos, adquirimos las herramientas en nuestro núcleo familiar, a medida que crecemos y las incorporamos en nuestra conducta sin darnos cuenta.  Pero si eso no sucede,  existen edades de particular vulnerabilidad. 

La etapa escolar, niños de entre 5 a 11 años.

La pubertad y la adolescencia, desde los 11 a los 17 años.

En estas etapas especialmente, un entrenamiento en habilidades sociales y asertividad evitaría o disminuiría problemas como el Bullying o el comienzo de las adicciones.

Es por eso que, cada día con más frecuencia, se incorpora el entrenamiento asertivo entre las actividades curriculares en las escuelas o en el entrenamiento de liderazgo en las empresas para ejecutivos que tienen personal a su cargo.

En suma, es importante conocer nuestros derechos “sociales” e incorporarlos en nuestro accionar, para no confrontar innecesariamente con la realidad, pero tampoco permitir que no se nos respete como individuos.

¿Cuáles son mis derechos asertivos?

Alber Ellis, psicoterapeuta estadounidense, considerado fundador de las terapias cognitivo conductuales, estableció una lista donde recoge los derechos asertivos más importantes de cualquier persona:

  1. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad
  2. Derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
  3. Derecho a ser escuchado y tomado en serio
  4. Derecho a juzgar mis necesidades y tomar mis propias decisiones.
  5. Derecho a decir NO sin sentirme culpable.
  6. Derecho a pedir lo que quiero.
  7. Derecho a cambiar
  8. Derecho a cometer errores.
  9. Derecho a pedir información y ser informado.
  10. Derecho a ser independiente.
  11. Derecho a tener éxito.
  12. Derecho a mi descanso y aislamiento.
  13. Derecho a superarme, aun superando a los demás.*

*La lista continúa, pero a los efectos de esta información, tomamos los derechos más relevantes que aplican a todas las personas, en todas las circunstancias.

Un ejercicio sencillo y práctico, para aplicar en el día a día  y  que nos permite mejorar nuestra asertividad o ponerla a prueba,  es intentando ser plenamente sinceros con las personas que más confianza tenemos.

Animándonos a decir a nuestra pareja o amigos cuando algo realmente nos molesta, cuando alguna situación nos incomoda o nos pone tristes. 

Alentando a nuestros hijos a que también lo hagan, en el seno de la familia donde se entrenan los roles más importantes de la vida y los que nos ayudan a la convivencia en sociedad, es donde más nos podemos animar a “probar” estas destrezas.  Y ver así sus efectos positivos. 

En las sitauciones de peleas entre hermanos, es ideal tomarse un instante para aclarar, poner en palabras, qué fue lo que disgustó a cada uno para que se iniciara una disputa y asociar el hecho a cómo se sintió cada uno dada esa situación. 

Con el paso de los años y la interacción social, nos vamos haciendo “conscientes” de nuestras limitaciones en cuanto al manejo de habilidades sociales.   Pero siempre estamos a tiempo de corregir o cambiar esas pautas de funcionamiento interpersonal que nos traen más complicaciones que satisfacciones.

Y desde ese punto de vista, la asertividad,  resulta una herramienta clave para entrenar en nuestros hijos, mientras están con nosotros y van creciendo, o entrenar durante la vida adulta si lo vivimos como una carencia.

Autor: © PSIGUIDE